domingo, 1 de diciembre de 2019

Si supieras, mamá


Si supieras mamá.

“Tú dijiste que era un niño bueno, un angelito Caído del cielo, que era incapaz de matar a alguien, pero entonces ¿Por qué siento estas ganas de hacer daño, de torturar personas, ver como son consumidas por la desesperación y el dolor de morir por mi mano? Mamá ¿Qué me está pasando, me siento solo y confundido?, mamá sálvame yo no soy así, yo no quiero ser así o ¿sí?"

Silencio…

Sentado, temblando de miedo se encuentra un hombre en una silla amarrado con una cuerda. Un cuarto oscuro iluminado por un bombillo que parpadea todo el tiempo, el clima es frio, paredes grises y sucias, las ventanas entre abiertas dejando pasar rayos de luces iluminando parcialmente al hombre, el chillido del abanico en el techo da la sensación de un ambiente tenebroso. El hombre levanta la mirada y observa a quien es su verdugo vestido con un pantalón negro, camisa manga larga doblada hasta los codos dejando ver un reloj en su brazo izquierdo y unos zapatos de vestir negros. Sentado en la mesa al frente de él, con los ojos cerrado y sobando con una de sus manos el cuchillo en su mejilla.

El verdugo perfectamente peinado, de ojos negros, piel blanca y esbelto. Abre los ojos y suelta una carcajada.  El hombre que se encuentra sentado, se encoge un poco más en la silla.  Observa que el verdugo se acerca, se agacha y quedan cara a cara, traga saliva. Esta situación no es nada agradable.

El verdugo con una sonrisa diabólica. Pregunta.

- ¿Dónde está?

El hombre baja la cabeza temblando.  El verdugo sonriendo dice.

- ¿No vas a contestar? y mirando fijamente pasando el cuchillo por su cabeza, Se escucha de nuevo la pregunta, esta vez un poco más fuerte.

- ¿Dónde está?

El hombre sube la cabeza y con una voz entrecortada responde.

-N-o…  Lo-sé…

El verdugo se levanta abruptamente y sentándose de nuevo en la mesa y con una voz calmada pero fría. Dice.

-En verdad no aprecias tu vida. Dejando el cuchillo y tomando de la mesa una botella de vino y vertiendo su contenido en una copa, continúa hablando.

-No sé por qué te empeñas en ocultármelo.

 Llevándose la copa a la boca degustando el sabor caliente del vino quemándose la garganta, remata.

-O… ¿Quieres terminar como tu amigo?

Desviando la vista, y centrándola en el fondo de la habitación en una esquina para ser más exactos. Yace en un charco de sangre un cuerpo tirado en el piso sin cabeza.

El hombre voltea, hacia ese lugar, un aire frio le recorre por todo el cuerpo congelándolo en el instante, sabe que no tiene escapatoria.  Regresa a su posición original y habla.

-Yo… no sé nada….

Deja de tartamudear para así sonar más firme. Dice.

-Se lo aseguro señor.

El verdugo, que hasta ese momento se entretenía jugando con su copa.  Suelta una carcajada, con una voz carente de sentimientos. Dice.

- ¿Piensas que te voy a creer? todo el tiempo has estado en la misma habitación que yo, es imposible que no sepas donde está.

Dejando la copa de lado y encendiendo una grabadora que se encuentra encima de la mesa. Oprime el botón y cierra los ojos. Escuchando la letra de su canción favorita.

“Soy un asesino en serie, como los de miniserie, 
Detrás de la puerta, colecciono gente muerta, 
Para poder matar el hambre, desayuno cereal con sangre, 
No tengo familia, porque maté a mi familia.” 

Abre los ojos al escuchar un grito repentino.

- ¡Por favor no me mate! Exclama, el hombre lleno de terror en la silla. Con el pavor a flor de piel, continúa hablando.

-Le juro que no sé dónde está. Termina el hombre temblando de miedo. Sabe que su señor siempre ha escuchado esa canción desde niño.

El verdugo sonríe, bajando el volumen de la grabadora y sobando el cuchillo en el pantalón, con una voz burlesca.  Dice

-Cálmate. Ella nos puede escuchar, además solo me estoy relajando.

Observa su reloj de pulso. Y haciendo una cara de pena. 

- ¡Oh no! ¡ya falta poco para las 10 de la noche! Te doy 10 segundos para que me digas donde está.

El hombre empieza a sacudirse en la silla.

-No… lo-sé…

El verdugo sonriendo canta.

-Tic tac

-Tic tac

-Tic tac

El hombre incontrolable empieza a moverse y con lágrimas saliendo de sus ojos a borbotones. Empieza a decir.

- ¡Por favor no me mate!...  ¡Por favor no me mate!... Se lo suplico... Baja la cabeza llorando.

El Verdugo suelta una carcajada estridente. Se levanta con un cuchillo en la mano. Se detiene al frente del Hombre tembloroso.  Le levanta la barbilla. Seca las lágrimas con el cuchillo y sonriendo con una expresión de falsa empatía. Le dice.

-Se acabó el tiempo, te voy a hacer por última vez la pregunta.

Acercando la cara con la del hombre pregunta.

- ¿Dónde está?

El hombre tranquilizando los sollozos, responde.

-N-o…  lo-sé.

El Verdugo respira profundo y con una calma extraordinaria, pero con un vacío infinito en sus ojos, dice.

-Entonces ya sabes lo que te va pasar, no quería hacerlo Tobi. Pero me has orillado a esto, eres una mala persona y como tal tengo que castigarte. Remata acariciando la cara del hombre.

Levanta la mano con el cuchillo. El hombre cierra los ojos esperando su fin, El volumen de la música suena más alto.

“Soy un asesino en serie, como los de miniserie, 
Detrás de la puerta, colecciono gente muerta, 
Para poder matar el hambre, desayuno cereal con sangre, 
No tengo familia, porque maté a mi familia”

Se observa el viaje del cuchillo hacia el pecho del hombre.

Se abre la puerta. 

- ¡Jhon!... hijo encontré tu juguete. Dice la madre de John.

Observando a su hijo de pie justo enfrente de ella con los brazos atrás. La madre reparte la mirada por la habitación encontrando, un muñeco atado en la silla con una cuerda y otro muñeco decapitado tirado en un rincón, en la mesa una pequeña grabadora sonando una canción que no conocía, pero le daba escalofríos escucharla, un vaso de plástico y un jugo de cajita, la cama arreglada.  El niño con su pelo perfectamente acomodado, traje negro, camisa banca doblada hasta los codos luciendo en su mano izquierda un reloj de plástico y zapatos de vestir sonriendo. Dice

-Gracias mama, eres muy amable.

La madre desconcertada. Pregunta.

- ¿Qué haces? debes cambiarte esa no es u pijama

El niño con una expresión relajada. Responde.

- ¡Oh nada! Simplemente juego con mis muñecos.

Sonriendo con falsa inocencia. Exclama.

- ¡Es divertido!  ¡ya me iba a cambiar!

La madre del niño, hace una pequeña sonrisa, inquieta en el lugar. Dice

-Ok, no deberías jugar así, esos juegos no son de niños buenos. Afirmándose en el picaporte de la puerta resalta.  

-Y tú eres un niño bueno, ahora vez a cepillarte los dientes.

El niño balanceando su cuerpo de tras hacia adelante. Dice

-En un momento bajo. 

La madre sale de la habitación.

El niño voltea hacia el muñeco y sacando de atrás el cuchillo de plástico, que mantenía oculto en sus manos. Camina lentamente y acariciando la cara del muñeco con el cuchillo. Con una voz tétrica, Dice

-Hoy te salvó la puerta, la próxima tendrá el seguro.

Dejando el cuchillo de plástico en las piernas del muñeco, colocándose de lado y susurrándole en la oreja. Dice

-Nos vemos luego, T-o-b-y.

El niño camina hacia la puerta altivamente, con las manos atrás. Voltea a mirar el muñeco dándole una sonrisa juguetona. Mira al frente. Abre la puerta y sale de la habitación.

Se cierra la puerta dejando ver tres cabezas de muñecos colgando y dibujos hechos a manos en hojas de cuadernos de muñecos descuartizados.

 Y se logra escuchar la música de fondo.

“Soy un asesino en serie, como los de miniserie, 
Detrás de la puerta, colecciono gente muerta”

 

FIN


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