Un paraguas
A veces tenemos muchos sentimientos encontrados, no sabemos a dónde ir, a pesar de tener un plan de vida, nos sentimos perdidos, no sabemos con quién contar. Los fracasos y las decepciones se hacen más evidente, avanzas un escalón y retrocedes cinco. La vida es dura, no es para débiles, pero ¿Qué hacer? Si en algunos momentos no queremos levantarnos y preferimos quedarnos llorando lamentándonos por todo lo malo que nos ha pasado. Expulsar todo el dolor y sufrimiento que padece nuestro frágil corazón.
Esto es lo que piensa Eva. Sentada en un parque con la
cabeza gacha mientras lágrimas salen de sus ojos y recorrer sus mejillas
rosadas hasta caer en el pasto mojado por la lluvia, que azota esta oscura y
fría noche.
Llego al lugar corriendo y se sentó en unos de los
columpios. Más de una hora lleva
llorando sin consuelo alguno, su ropa está empapada y el frío empieza a
filtrarse por sus huesos haciéndola temblar, dando la impresión de un animalito
abandonado, que lejos de la realidad no estaba.
Levanta la cabeza, cuando siente que no le caen gotas de
agua lluvia. Observa a un chico frente a ella de pie, cubriéndola con su
abrigo, sonriendo. Dice.
- “No tengo un paraguas para cubrirte de la lluvia, pero
tengo mi cuerpo y corazón para protegerte de todo lo malo de ahora en adelante”
Esas palabras hicieron que Eva se levantara y lo abrazara
llorando en el proceso. Él simplemente correspondió el abrazo, bajo la intensa
lluvia. Eva ya no sintió frío, ni
soledad.
A veces no necesitamos algo material para brindar nuestra
ayuda, simplemente con nuestra compañía basta.
Fin
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